La Lista del Súper

Un poquito de mi misma, mis manías, ocurrencias, enojos, diversiones etc. Como dicen, "de todo como en botica", sólo que aquí es "de todo como en el súper".

martes, julio 17, 2007

Accidentes Automovilísticos o el Pan Nuestro de cada Día

Para mis queridos bloggernautas y para toda la gente que pueda llegar aquí aunque sea por accidente (ja), les recomiendo mucho manejar con cuidado. Ok, ya sé que ustedes lo hacen (o al menos procuran hacerlo) sin embargo no se trata solamente de manejar respetando los límites de velocidad y de no pasarse los altos, sino de muchas cosas más; como cuidarse de los animalitos urbanos que se trepan a sus vehículos y manejan como las bestias salvajes que son y de darle un mantenimiento adecuado a nuestros automóviles entre otras cosas.

Lo anterior se los comento porque la semana pasada tuve DOS (sí, 2, II, 10) accidentes automovilísticos que me han dejado en la calle. El primero, lo acepto, fue total y absolutamente mi culpa por no cuidar el mantenimiento de mi coche: se me reventó una llanta. Sí, es mi culpa porque la llanta ya estaba vieja y me había dolido el codo cambiarla. Basta decir que la susodicha quedó hecha tiritas y llegué al taller con la cámara encuerada. Curiosamente mi temor no era traer la llanta deshecha sino que me parara la policía para morderme. No sucedió, pero yo ya tenía mi speach preparado por si acaso ("Claro, ustedes son como las hienas, que se van sobre los animales heridos").

El otro accidente NO fue mi culpa en lo absoluto. Resulta que en una semi-glorieta donde la gente da vuelta, me detuve puesto que el coche de adelante había encendido sus direccionales y había hecho alto total para dar vuelta. Afortunadamente dejé una distancia grande entre la Cocha y el auto de enfrente. De repente llega un maldito viejito apestoso, manejando a mil por hora y se estampa en mi defensa (estando el coche de adelante y el mio en alto total). Fue carambola, pero el coche de adelante ni le importó, puesto que como yo había guardado mi distancia apenas alcancé a darle un besito y nada más. Acto seguido, me bajo del auto, nerviosa, enojada y se baja el viejito. Muy compungido y preocupado aparentemente por mi. Me preguntó cuarenta veces si estaba yo bien antes de ver si quiera el golpe. Ya que le reclamé mi defensa, me aseguró que iba a llamar a su seguro o que si no me pagaba el taller etc. Estaba yo tan nerviosa y lo vi tan dispuesto que, error, me confié. Le dije que me esperara para poder llamar a mi trabajo y en lo que saqué mi celular del auto el viejito desapareció dejando un fuerte olor a azufre, lo que me hizo pensar si era el mismísimo Satanás o si era el quemón de su gasolina baja en plomo.

Lo más curioso, es que en esos momentos uno tiende a maldecirse a uno mismo. Que si debí anotar las placas, que si debí tomarle fotos al viejo para subirlas a mi blog para que toda la gente que lo vea lo patee, que si lo debí de haber amarrado a un árbol y no dejarlo ir hasta que me pagara mi golpe, que si debí de haber bajado mi bat para romperle el radiaror y la cabeza etc., etc. Pero, pues lo hecho, hecho esta y a lo hecho pecho.

Por eso, mi recomendación de cuidarse de las bestias salvajes que habitan en la selva urbana, porque aquí, nadie está a salvo.

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